Hay un trozo de tu pantalla que nadie usa. Esa franja justo encima de la barra de tareas, entre una hoja de cálculo y la siguiente.
Pusimos un río ahí. Un barquito, un pescador con sombrero de paja y el sedal en el agua. Si la franja se te queda pequeña, el río se adueña del monitor entero y corre detrás de tus iconos, como fondo de escritorio.
Tú trabajas. Él pesca. Cuando vuelves a mirar, algo ha cambiado: llovió, se hizo de noche, pasó un delfín rosado. No hace falta jugar. Lo difícil es no mirar.
El pez pica a su ritmo. Si estás ahí, un clic en el momento justo ayuda. Si no, no pasa nada. El río no le guarda rencor a quien se fue a una reunión.
Empieza en un río de playas y sol en la cara. Después llegan el agua negra del Rio Negro, las sierras de Furnas, la costa de Santa Catarina. Y, al final del camino, un mar donde lo que pica puede ser más grande que tu barco.
La lluvia llega despacio. La tormenta sacude el barco. Y hay noches en que la luna se vuelve roja. Entonces ni el río sabe qué va a picar.
Un yacaré con el ojo puesto en el anzuelo. Una nutria gigante que solo elige los gordos. Un delfín rosado que te empuja el cardumen. Aparecen cuando quieren. Y cuando aparecen, se quedan.
Todo pescador empieza con el mismo sombrero de paja. Por poco tiempo.
En algún momento, sin avisar, una cigüeña cruza tu pantalla cargando un saco. No se para ni espera. Haces clic, y lo que cae del saco no se queda atrapado en el juego. Va directo a tu inventario de Steam.
A partir de ahí, el sombrero es tuyo. Para ponérselo a tu pescador, intercambiarlo con un amigo o venderlo en el Mercado de Steam a alguien que todavía espera su cigüeña.






















El de paja ya lo tiene todo el mundo. El resto, solo lo trae la cigüeña.
No todos los sombreros llegan igual. Unos vienen rotos, de tanto río. Otros vienen usados, con el ala ya hecha a la cabeza de alguien. Y unos pocos llegan nuevos, como si nunca hubieran visto agua.
Para Steam son piezas distintas, cada una con su valor en el Mercado.



Ahora imagina una Corona imperial nueva. Poca gente la va a tener. Y quien la tenga sabrá muy bien lo que lleva entre manos.
Y no, esto no es pagar para ganar. Un sombrero da un empujoncito, nunca un atajo. El mejor de ellos ayuda menos que el bichito más perezoso del barco. Un sombrero está para ser raro, bonito y tuyo. La ventaja la da el tiempo con el sedal en el agua.
Los sombreros viven en el Armario, y ahí es donde la colección va tomando forma. Lo que tienes, te lo pones. Lo que aún te falta aparece como ???, con el color de la rareza y nada más.
Sabes que existe. Solo no sabes cuál es.
Y vender no borra la historia: el sombrero que pasó por tus manos sigue marcado ahí, incluso después de irse.


El Gorro de bufón y el Boi-bumbá no caen del cielo, no vienen en ningún saco y no se venden en nuestra tienda. Hacen lo que ningún otro sombrero hace: el cebo que no se gasta, el pez que llega doble.
Solo hay un camino hasta ellos: el campeonato mensual. Cada mes el río se vuelve una disputa. Cada pez que sacas cuenta, y quien estaba ahí para picar en el momento justo cuenta un poco más. Tu posición aparece dentro del propio juego.
Quien gana se lleva el celestial nuevo. El segundo, el usado; el tercero, el roto. La primera edición, en noviembre, vale el Gorro de bufón.
Si algún día ves uno de estos en el Mercado, puedes estar seguro: alguien ganó. Ver el ranking del mes (en portugués)
Ninguno fue pintado de otro color para hacerse pasar por otro. El mandi del barranco, la piraña del igapó, el marlín de mar abierto: cada uno tiene su propio dibujo.
Y cada lugar guarda un monstruo que no sube por cualquier cebo. En el Araguaia dicen que es una piraíba de cien años.
Todo el mundo empieza en una canoa. Un día la bodega se queda pequeña y la canoa pasa a ser un bote. El bote, una lancha. Y cuando te das cuenta, estás en mar abierto, en un arrastrero que hace que la canoa parezca un juguete.
Un yacaré en la orilla, un jaguar echado en la arena, una serpiente en el borde, una rana sobre la victoria regia, un guacamayo cruzando el cielo, un pelícano rozando el mar. No dan puntos, no dan bonos, no piden clics. Pasan porque en los ríos hay bichos.
Y de vez en cuando pasa un gato en un salvavidas, o un patito de goma. Esos no sabemos explicarlos.
El río del juego no es inventado. Cada mapa es un pedazo de Brasil que existe, con su agua, sus peces y sus bichos.
Cuando llegas a un lugar nuevo, el juego abre una ventanita y te cuenta dónde estás. Si te dan ganas de saber más, te trae hasta aquí. Estas páginas, por ahora, están solo en portugués.
Río de playas, sol en la cara y arena blanca en la orilla. (Página en portugués)
Agua oscura y la selva metiéndose en el río. (Página en portugués)
Sierra, cañón y cerrado alrededor del agua. (Página en portugués)
El litoral de donde salió el juego. (Página en portugués)
Mar abierto y azul, al final del camino. (Página en portugués)
À Deriva no nació en un gran estudio. Nació en Brasil, hecho por una sola persona, con una idea terca: se podía tener un río corriendo en un rincón de la pantalla sin molestar a nadie.
Los lugares vinieron de casa. El Araguaia, el Rio Negro, Furnas, el litoral catarinense, el mar de Noronha: cada uno con su pez, su cebo y los bichos que conocemos desde niños. El boi-bumbá se volvió sombrero. La pororoca se volvió clima. El jabirú se ganó un sitio en el barco.
Antes de llegar aquí, el juego pasó por las manos de gente que jugó, se quejó y sugirió, y muchas cosas cambiaron gracias a eso. Ahora el río está en Steam.
Todo río tiene una historia que nadie confirma.
La de este empieza en una noche sin luna. Un casco oscuro atraviesa la niebla sin hacer ruido. Nadie en cubierta, nadie al timón: solo las velas rasgadas, llenas de un viento que no sopla. Y un loro con bandana gritando desde el mástil a la nada.
Es el Holandés Errante. Embrujado, y ni un poco arrepentido.
El capitán desapareció hace tiempo. El loro, no. Anda buscando un barco nuevo al que llamar hogar. Y trajo consigo lo único que quedó de su antiguo dueño: el tricornio pirata, entero, tal como salió del cofre. Tricornios por estos ríos se encuentran, gastados de tanta agua. Nuevo, solo este.
El Pirate's Pack es la edición de fundador: la nave fantasma, el loro y el tricornio nuevo. Para quien quiere entrar en esta historia desde el principio, y guardar la prueba en su inventario.
El juego ya salió. Solo falta tu escritorio.
Y cuéntaselo a alguien que se pasa el día entero delante del ordenador. Conoces al menos a uno.